¿Qué esperás vos del jubileo?
Enviado por epechin el Vie, 08/05/2009 - 14:40.
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Padre Antonio ¿Qué esperás vos del jubileo?
Ayer Mons. Claudio me hacía la pregunta del título. Pensé que es una buena pregunta para todos en este año jubilar.
¿Qué pasó entonces? En febrero de 1959 Hugo Aranda se encontraba con quien fuera posteriormente el padre Efraín Sueldo Luque. Efraín le cuenta de Schoenstatt y Hugo se lo transmite a Nité, Jerónimo Irala Burgos y ambos al P. Paco y él a algunos alumnos de su colegio Monseñor Lasagna, especialmente a Catalino Claudio Giménez y así el 31 de mayo, con la visita de Efraín a los primeros, toman la decisión de enviar al Padre Kentenich una carta de entrega filial y de disponibilidad para construir Schoenstatt en Paraguay. En julio llegan “viejos” schoenstattianos: los seminaristas Hernán Alessandri y José Manuel López y el recién recibido abogado, Esteban Uriburu. Ese momento está fijado en la gran foto de la recepción. Con el aporte medular, profundo de ellos nos incorporamos a los cuatro primeros otros nueve. El 28 de agosto y el 8 de octubre dos se deciden a ser sacerdotes y por la gracia de Dios hoy lo somos. A partir de agosto se forma el grupo de las chicas y pronto los segundos grupos de JM y JF. En noviembre llega el P. Ernesto Durán, a quien el movimiento latinoamericano debe la fuerza de su carisma comunicador y su capacidad de traducir al Padre en la letra y en el espíritu.
¿Qué nos movía? Los 13 primeros estábamos ya en un camino de fe cristiana. Pero el anuncio del mundo de Schoenstatt nos entusiasmó de tal manera que no faltábamos a las reuniones y nuestra vida fue cambiando de un modo notable.
Su espíritu era de entrega total, heroica, generosa porque nos inundaba la convicción que Schoenstatt anticipaba la semilla de una Iglesia y un mundo nuevo. El fervor de las catacumbas nos estremecía.
Y esta es la respuesta a la pregunta del acápite. A nivel del espíritu evangélico, Schoenstatt es una tonelada de material inflamable y su fuego es expansivo con la fuerza de una bomba atómica de vida y gracia. Esa fuerza contenida es desatada por el Capital de gracias, nuestra respuesta de amor al Dios-Amor representado en el rostro y la mirada cautivantes de nuestra Mater.
¿Cómo queremos celebrar el jubileo? Haciendo nuevo cada día ese fervor de los primeros. No éramos gente especial. No éramos distintos a los jóvenes de hoy. Por eso la Mater quiere aprovechar este jubileo para despertar en cada schoenstattiano de hoy, sobre todo los que tienen corazón juvenil y mente despierta y voluntad heroica lo que ella regaló a manos llenas en aquel 1959 histórico para nuestra patria.
No se trata de algo utópico, inexistente. Todos los días hay actos de generosidad: cuando nos decidimos a ser encargados de un grupo, cuando llevamos adelante el proyecto mamut “18 de octubre en Tupãrenda” incluso renunciando a algunos días de vacaciones para estar a full allí, cuando formamos parte de un equipo de trabajo, cuando realizamos con plenitud nuestra tarea como misioneros de la Campaña del rosario, cuando realizamos nuestros compromisos con los más pobres, con la sociedad para que sea una nación de Dios… Nada utópico. Sí, algo muy real.