Infoschoenstatt Nº 277 - Año 11
Noticias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt
""Si Padre, apóstoles por la Vida y la Familia""
"Toda la vida de la Santísima Virgen es una concretización de la voluntad de Dios, una constante y absoluta entrega al deseo y a la voluntad del Padre" (PK).
Si pudiéramos preguntar a San Pablo cuál era su misión, nos contestaría: ‘Se me confió la misión de anunciar al mundo el misterio de Cristo, el Redentor, el Mediador y la Cabeza del Cuerpo Místico’. Espontáneamente nos preguntamos ahora: ¿Cuál fue la misión que se me confiara hace 73 años? Inspirándome en San Pablo puedo decir: ‘¡Mi misión fue y es anunciar al mundo el misterio de María! Mi tarea es proclamar a la Santísima Virgen, revelarla a nuestro tiempo como la Colaboradora permanente de Cristo en toda la Obra de Redención, como la Corredentora y la Mediadora de las gracias. Anunciarla en su profunda unión con Cristo, en su biunidad con Él, y con la misión específica que Ella tiene desde su Santuario de Schoenstatt para el tiempo actual.”
Esta es una de las mejores definiciones de la misión que recibió el fundador. Tiene un rostro y un nombre concreto: María de Nazaret. Y una perspectiva fundamental: María en y para el mundo de hoy. No es María como una devoción más, el vínculo afectivo a Ella, recurrir a su ayuda, celebrar sus fiestas. Es María como un factor histórico, un poder que actúa en el acontecer mundial. Esta es la fe que anima al fundador y la misión a la que compromete todas sus fuerzas.
Esto vale también para nosotros. Porque estamos incluídos en su misión. Nada menos que el beato Papa Juan Pablo II nos recordó esta verdad y nos brindó el mejor fundamento teológico. En aquella inolvidable audiencia de la Familia internacional reunida en ocasión del centenario del natalicio del Padre Kentenich nos dijo: "Vosotros habéis sido llamados a ser partícipes de la gracia que recibió vuestro Fundador y a ponerla a disposición de toda la Iglesia. Porque el carisma de los fundadores se revela como una experiencia del Espíritu, que es transmitida a los propios discípulos para que ellos la vivan, custodien, profundicen y desarrollen constantemente en comunión y para el bien de toda la Iglesia, la cual vive y crece en virtud de la siempre renovada fidelidad a su Divino Fundador".
(P. Kentenich, Milwaukee, 16 de noviembre de 1958. En: Juan Pablo Catoggio, Autorretrato del Padre Kentenich, págs. 24-25)
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