Infoschoenstatt Nº 297 - Año 12


Noticias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt
""Si Padre, apóstoles por la Vida y la Familia""


"¡Nada pasa por casualidad! todo viene de la bondad de Dios"! (PK).

Ser hijo de la Providencia significa estar convencido que cada situación, alegría, sufrimiento, desilusión… es una parte esencial del plan de la omnipotencia, de la sabiduría  y el amor de Dios. El misterio de la Divina Providencia permanece muerto cuando sólo reflexionamos sobre él. Se hace realidad cuando lo vivimos.  es tan sabia y poderosa que es capaz  de construir un majestuoso edificio con escombros. Tiene todo en su mano, trabaja sabiamente con éxito  infalible, pero a nuestras miradas permanece vedado  cuándo llegará el éxito previsto.  Dios  alcanza su meta cuando llega el instante preciso.  La Fe en la Divina Providencia deber ser práctica, no teórica. No ha de ser algo pasivo, sino activa. No espero cruzado de  brazos que suceda lo que el Padre ha previsto en su plan.  Sino que debo salir a buscar el  plan de Dios para realizarlo. ¡Está en el plan!  Cuántas  veces  aparece en la Sagrada Escritura: “Todo esto ha acontecido a fin de que se cumplieran las Escrituras” (Mt. 26,56). La Fe en la Divina Providencia nos dice que Dios, en su sabiduría, bondad, y poder, ha esbozado,  desde la eternidad, un gran plan  del mundo y el plan de nuestra pequeña vida.  Y que – en el transcurso del tiempo – Él va  realizando ambos planes  hasta en sus pormenores más insignificantes, teniendo plenamente en cuenta   nuestra libertad personal, siempre y cuando pongamos a su disposición  nuestra colaboración.  Debemos escuchar exactamente el mensaje: ¡El plan  de  mi vida es un plan de amor!  Esto es cierto, si vivencialmente, y si con todo nuestro ser, afirmáramos  este planteo, entonces estaríamos seguros en todas las situaciones, aun en los casos en que no sabemos cómo actuar. Es decir, siempre que tengamos a priori la actitud: Es un plan de amor. entonces sabremos: En este plan ya estaba  escrito exactamente éste o aquel  sufrimiento. La escritura que nosotros debemos  cumplir  es el plan divino. Lo que así está escrito es  siempre lo mejor para nosotros y no podemos  hacer nada mejor  que orientarnos por él, aun cuando el camino nos lleve a través de la oscuridad. Siempre  será un plan de sabiduría, de omnipotencia y de amor.  Debemos descubrir  siempre la voluntad de Dios interpretando los tiempos, las dificultades  de la época. Es nuestro modo de ser, no huir ante las dificultades, sino,  al contrario, interpretar las dificultades  de los tiempos como tareas querida por Dios para el tiempo. (PK)

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