InfoSchoenstatt Nº 302 - Año 12
Enviado por efranco el Jue, 27/03/2014 - 17:17.
Noticias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt
""Si Padre, apóstoles por la Vida y la Familia""
Noticias del Movimiento Apostólico de Schoenstatt
""Si Padre, apóstoles por la Vida y la Familia""
"Hazme Padre ser un milagro de misericordia, pues soy débil y pequeño" (PK).
“Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso”: el Papa comentó la exhortación de Jesús, afirmando de inmediato que “no es fácil entender esta actitud de la misericordia” porque estamos acostumbrados a juzgar: “Para ser misericordiosos – observó – se necesitan dos actitudes. La primera es el conocimiento de sí mismo”: saber que “tenemos tantas cosas no buenas: ¡somos pecadores!”. Y ante el arrepentimiento, “la justicia de Dios se transforma en misericordia y perdón”. Pero es necesario avergonzarse de los pecados: “Es cierto, ninguno de nosotros ha asesinado a alguien, pero hay tantas cosas pequeñas, tantos pecados cotidianos, de todos los días… Y cuando uno piensa: ‘Pero qué cosa, pero que corazón chiquito: ¡he hecho esto contra el Señor!’. ¡Eso es avergonzarse! Avergonzarse ante Dios y esta vergüenza es una gracia: Yo soy pecador y me avergüenzo ante Ti y te pido perdón’. Es sencillo, pero es tan difícil decir: ‘He pecado’”. A menudo justificamos nuestro pecado descargando la culpa sobre los demás, “Quizás el otro me ayudó, me facilitó el camino para hacerlo, ¡pero lo hice yo! Si nosotros hacemos esto, cuántas cosas buenas habrán, ¡porque somos humildes!”. Y “con esta actitud de arrepentimiento somos más capaces de ser misericordiosos, porque sentimos sobre nosotros la misericordia de Dios”, como decimos en el Padre Nuestro: “Perdona, como nosotros perdonamos”. Así, “si yo no perdono, ¡estoy un poco fuera de juego!”.
La otra actitud para ser misericordiosos “es agrandar el corazón”, porque “un corazón pequeño” y “egoísta es incapaz de misericordia”:
“¡Agrandar el corazón! ‘Pero yo soy un pecador’. ‘Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. ¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?’. ¡El corazón grande! Y el Señor lo dice: ‘¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más”. El corazón grande “no condena, sino perdona, olvida” porque “Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. “¿Has visto qué cosa ha hecho éste?’. ‘¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!’. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”. (Homilia Papa Francisco)
La otra actitud para ser misericordiosos “es agrandar el corazón”, porque “un corazón pequeño” y “egoísta es incapaz de misericordia”:
“¡Agrandar el corazón! ‘Pero yo soy un pecador’. ‘Mira qué cosa ha hecho éste, aquel…. ¡Yo he hecho tantas! ¿Quién soy yo para juzgarlo? ¿Quién soy yo para hablar mal de éste? ¿Quién soy yo, que ha hecho las mismas cosas o peores?’. ¡El corazón grande! Y el Señor lo dice: ‘¡No juzguen y no serán juzgados! ¡No condenen y no serán condenados! ¡Perdonen y serán perdonados! ¡Den y se les dará!’. ¡Esta generosidad del corazón! Y ¿qué cosa se les dará? Les volcarán sobre el regazo una buena medida, apretada, sacudida y desbordante. Es la imagen de las personas que iban a recoger el grano con el delantal y estiraban el delantal para recibir más, más grano. Si tienes el corazón grande puedes recibir más”. El corazón grande “no condena, sino perdona, olvida” porque “Dios ha olvidado mis pecados; Dios ha perdonado mis pecados. “¿Has visto qué cosa ha hecho éste?’. ‘¡Tengo suficiente con aquello que he hecho yo y no me inmiscuyo!’. Este es el camino de la misericordia que debemos pedir. Si todos nosotros, si todos los pueblos, las personas, las familias, los barrios, tuviésemos esta actitud, ¡cuánta paz habría en el mundo, cuánta paz en nuestros corazones! Porque la misericordia nos conduce a la paz. Recuerden siempre: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’. Hay que avergonzarse y agrandar el corazón. Que el Señor nos dé esta gracia”. (Homilia Papa Francisco)
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