El Movimiento de Schoenstatt nace de un sencillo acto realizado el 18 de octubre de 1914 en una pequeña capilla en el valle de Schoenstatt, Alemania. Allí el Padre José Kentenich y un grupo de jóvenes seminaristas sellaron una Alianza de Amor con la Virgen María.
Aquel pacto no fue solo un acto de piedad, sino una invitación: ellos ofrecían sus esfuerzos por la propia santificación y María, en respuesta, se establecería en ese lugar para derramar sus gracias como Educadora de hombres nuevos.
Esto que comenzó en un rincón de Europa se transformó rápidamente en un gran movimiento apostólico de renovación dentro de la Iglesia Católica.
Por ello, la historia de Schoenstatt no es la realización de un plan humano preestablecido, sino el fruto de un proceso de vida guiado por lo que el Padre José Kentenich llamó la "ley de la puerta abierta": una escucha atenta a la voluntad de Dios a través de las circunstancias.