Schoenstatt no se considera a sí mismo meramente como una organización, sino como un original organismo católico. Nuestra estructura no nació de un plan teórico de escritorio, sino que fue surgiendo gradualmente bajo la guía de la Divina Providencia, respondiendo a las voces del tiempo y a las necesidades de las almas.
Nuestra organización se rige por un principio fundamental que garantiza la libertad y el crecimiento espiritual: "Vínculos obligatorios sólo los necesarios, libertad toda la posible y, por encima de todo, un cultivo del espíritu en grado máximo".
Para servir a la Iglesia de manera eficaz, el Movimiento se articula en círculos de compromiso que se complementan mutuamente, permitiendo que cada persona encuentre su lugar según su vocación y disponibilidad: