Dos vidas al servicio del Señor

Autor: 
Nani Pineda

 

foto_Pope_web2.jpgAyer, cuando revisaba mi correo electrónico, me encontré con un mail de la Revista Tupãrenda, donde me pedían que les contara brevemente cómo habíamos vivido la Ordenación Diaconal de Pope. Antes que nada debo pedirles perdón porque no podrá ser tan breve, son muchas cosas juntas y quisiera que Uds. con mi relato pudieran vivir, al igual que nosotros, la emoción de ese momento.
En mi oración de la noche pedí al Espíritu Santo que me iluminara y ayudara a recordar lo más importante de este encuentro tan cargado de alegría y sentimientos... Y aquí estoy, aun no son las 7 de la mañana, (aquí en Chile la vida no funciona tan temprano como en Paraguay) de lápiz en mano queriendo compartir con Uds. lo que, "por regalo de Dios", un pequeño grupo de paraguayos tuvimos la inmensa alegría de vivir.
                    Y al fin llegó el día. Después de muchas oraciones y contribuciones al Capital de Gracias, nos encontrábamos en la puerta del Seminario Mayor de los Padres de Schoenstatt, enclavado  a los pies de la Cordillera de los Andes. Un lugar maravilloso que invita a la oración y que se asemeja bastante a nuestro Noviciado Iberoamericano de Tupãrenda.
El ambiente era muy solemne. La ceremonia estaba preparada en el jardín. Un sacerdote, frente al micrófono, nos iba leyendo el curriculum de los dos futuros ordenados: Pope Pereira y Pablo Perez.  La gente seguía llegando y en silencio esperábamos el inicio de la Ceremonia.
El Coro, al costado, dirigido por uno de los nuestros: Santiago Cacavelos.
También las Hermanas de María durante la Ceremonia entonaron una hermosa melodía.
Ya veíamos acercarse la procesión. Muchos seminaristas, los futuros diáconos, sacerdotes y el Obispo Auxiliar de Santiago Monseñor Fernando Chomalí.
Se daba inicio a algo tan anhelado, la ordenación de un PARAGUAYO (quisiera recordarles que el último paraguayo ordenado sacerdote de los Padres de Schoenstatt es el padre Francisco Pistilli, ordenado ya hace 13 años y actualmente Maestro de Novicios).
Fue una Ceremonia muy sencilla pero fuerte al mismo tiempo, al más duro de los hombres se le habrá escapado más que un lagrimón.
El momento de la homilía, fue "el caracú" de la Ordenación. Los llamaron por sus nombres y se acercaron a Monseñor. Él les impuso las manos y recibió de boca de ellos ese compromiso y la entrega total de sus vidas al "SERVICIO DEL SEÑOR" y de los hombres, más adelante, ambos postrados en el suelo, como señal de pequeñez y humildad, continuaban dando fe de su entrega incondicional y todos, muy emocionados, escuchábamos las Letanías a La Virgen, entonadas por Santiago Cacavelos, que le brotaban del fondo de su alma. Ahí nuestro corazoncito palpitaba tan fuerte al punto que parecía que se nos escapaba por la boca.
Terminada esta parte de la ceremonia, la más fuerte y profunda, dos seminaristas les acercaban la estola y la dalmática; sus padres la depositaban en manos del nuevo diacono y un sacerdote les ayudaba a revestirse, para luego subir al presbiterio y uno a cada lado del Señor Obispo pasaban a formar parte del grupo de Celebrantes.
A partir de ahí todo continuó como una Misa normal.
Luego de la bendición y el envío, realizado por Penacho, en procesión fuimos todos al Santuario donde se dio por terminada la Celebración. (La verdad es que yo me atrasé un poquito ahí porque me quedé a juntar los cancioneros que habían dejado en las sillas, para llevar de recuerdo a nuestros hermanos del Circulo Vocacional).
Pero la fiesta no había concluido. Volvimos al lugar de la Celebración y Pope y Penacho ya vestidos  de "curita" (con el cuello romano), recibían el saludo de todos nosotros que íbamos en una fila interminable mientras yo me decía.  ¡¡¡Pucha que quieren a este chico!!! Había venido gente de todos lados, matrimonios, jóvenes y niños, nadie quería irse sin antes darle un abrazo y un apretón de manos  a este neo diacono...y era nuestro, era paraguayo. Qué alegría y gran orgullo nos invadía.  Estábamos felices, y no nos importó que "el protocolo" no nos permitiera colocar el PASACALLES que desde Paraguay habíamos traído. "Era uno de los nuestros" suspiramos hondos diciendo ¡¡¡AL FIN!!!
 
Quiero felicitar de todo corazón a nuestros amigos y hermanos, Pili y Alfredo Pereira por su generosidad, entrega y amor para con todos. Pude observar como tanta y tanta gente los abrazaba y les regalaba una sonrisa y unas palabras.
Pope viaja a Roma para realizar ahí su práctica diaconal, regresará a Paraguay un poco antes de su ordenación Sacerdotal. Como familia debemos seguir rezando por él y por los que vendrán. Nuestras oraciones serán fundamentales para que Schoenstatt paraguayo tenga abundantes y santas vocaciones.

 

Tabs

Parece que no hay noticias...

Si ud. es administrador del sitio, puede ingresar haciendo click aquí.