Impulsado por el entusiasmo y la generosidad de aquellos primeros corazones, Schoenstatt iniciaba su camino en tierras paraguayas, dando origen a una Familia que crecería y se extendería a través de comunidades, santuarios y numerosas iniciativas apostólicas.
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Hoy, una placa conmemorativa nos invita a volver la mirada a aquel momento fundacional, recordar a quienes hicieron posible los primeros pasos y reconocer el legado espiritual que nos transmitieron.
Mantener viva esta memoria es también renovar nuestro compromiso con la misión que nos une: seguir construyendo, junto a María, una historia de fe y esperanza para el Paraguay, fieles al ideal de ser una «Nación de Dios, corazón de América».