"Dejad que los niños vengan a mí!
Enviado por epechin el Vie, 20/08/2010 - 15:31.
Autor:
Julio Giménez
DEJAD QUE LOS NIÑOS VENGAN A MI
“ Más Jesús les dijo: Dejad que los niños venga a mí, y no se lo impedirán porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos” (Mat. 19:14).
Leyendo este pasaje del Evangelio, nos estremecemos al pensar sobre el acontecimiento en la Argentina de la aprobación del “matrimonio” entre personas del mismo sexo. La aprobación de dicha ley estuvo fogoneada y hábilmente explotada por los grupos progay, lesbianas, etc., quienes al acecho y cabalgando sobre el enfrentamiento del gobierno de aquel país con la Iglesia, hicieron posible formar un frente en el Congreso posibilitando el dictado de esa ley - aún contra la opinión mayoritaria de la ciudadanía -y su promulgación por el Poder Ejecutivo, que la exhibió como la moderna cabeza de Juan el Bautista, decapitado por el Herodes de la dictadura del relativismo.
No es propósito de este editorial profundizar el tema del matrimonio entre personas del mismo sexo, aclarando que no tenemos nada contra los homosexuales y no alentamos ninguna discriminación contra ellos, ya que son también hijos de Dios. Pero sí consideramos que no pueden equipararse a los heterosexuales, ya que hay un principio básico de la propia naturaleza y de la creación cual es el hecho de que el ser humano es femenino y masculino.
Lo que nos preocupa es que al aprobarse por ley el “matrimonio del mismo sexo”, la consecuencia ineluctable es que, entre otros derechos que derivan de tal status, se halla el de adoptar niños, y es allí donde se encuentra uno de los problemas fundamentales que derivan de esa legislación.
Al respecto y como los acontecimientos de la vida real son más elocuentes que una opinión, trascribimos parte de un testimonio de una mujer que vivió como hija con un “matrimonio” homosexual, que se puede ver publicada en www.dawnstefanowicz.com , y dice:
“ En mi infancia estuve expuesta a intercambios de parejas gays y playas nudistas, lo que produjo una falta de afirmación en mi femineidad, hiriéndome profundamente este estilo de vida”. “Viví un entorno de familia gay que no deseo para nadie y creo que las leyes no deben apoyar”. “Desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas… Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad…miedo…baja autoestima…y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados…”. (Dawn Stefanowicz).
Este relato extremadamente crudo y sincero, de parte de una persona que vivió en carne propia ese drama nos releva de mayores comentarios, por eso nos adherimos al pronunciamiento de nuestros Pastores, quienes han dicho que todos los cristianos deberíamos diseñar y poner en práctica estrategias para enfrentar esto que viene también hacia nuestro país y ofrezcámoslo como el mejor regalo a la sociedad, por el día del niño que se festeja el 16 de este mes de agosto.
Otra opinión de un conocido y respetado periodista, a quien de ninguna manera se le puede acusar de que podría discriminar, dice: “Podrán dictarse mil leyes, pero la unión matrimonial de dos personas del mismo sexo jamás será igual al matrimonio entre un hombre y una mujer. Si quieres, puedes llamar luna al sol, pero no cambiará la naturaleza, la esencia y las funciones del astro rey, aunque por mayoría diputados y senadores dispongan lo contrario.”.(Ilde Silvero ABC-18/07/10). Felizmente el Art. 49 de nuestra Constitución Nacional dispone: “La familia es el fundamento de la sociedad. Se promoverá y se garantizará su protección integral. Esta incluye a la unión estable del hombre y la mujer, a los hijos y a la comunidad que se constituya con cualquiera de los progenitores y sus descendientes.”. Esto se halla complementado por los Arts. 51 y 52, que omito reproducir. No obstante estas claras disposiciones de nuestra carta magna, debemos estar alertas a las famosas “interpretaciones” de aquellos interesados en desvirtuar las claras disposiciones de las normas jurídicas.
Por último y volviendo a la cita bíblica del introito: Dejemos que los niños vayan a Dios, pero no de la manera que proponen los dictadores del relativismo, por eso hay que remarcar que es de nuestra grave responsabilidad el preservar a nuestros niños de este tremendo peligro del cual ellos no pueden ser concientes.
Quedamos en eso, permanecemos fieles.