Editorial "Familia en Alianza"

Autor: 
P. Antonio Cosp

Familia en alianza por un nuevo Paraguay
 
Cada dos años los dirigentes de la Familia de Schoenstatt nos reunimos en Tupãrenda para auscultar el querer de Dios –con quien tratamos de estar permanentemente en alianza- para los próximos años. El objetivo a conquistar es: Como familia misionera, de la mano del Padre, regalar cultura de alianza para refundar nuestro Paraguay. Si nos fijamos bien hay tres verbos: ser misioneros, regalar cultura de alianza y refundar. La alianza es muy central tanto en el lema como en el objetivo. El peregrinar hacia el 2014 nos invita a convertirnos en peregrinos, en su sentido físico y espiritual, hacia el santuario original. Como si fuera aquel 18 de octubre de 1914  nos invita a entrar en la capillita de San Miguel, que ha dejado de ser un depósito del jardín. Allí nos recibe el P. José Kentenich, nuestro director espiritual. El nos invita a sentarnos para la conferencia inaugural del año lectivo, para la congregación mariana recientemente fundada. Nos propone una secreta idea predilecta (hummm, me está gustando…), “hacer suave violencia” a la Mater por medio de las contribuciones al capital de gracias para que Ella se establezca en el santuario, manifieste su gloria, nos transforme y use como instrumentos para la renovación mariana del mundo en Cristo. A este acuerdo mutuo se le dará posteriormente el nombre de alianza de amor. El comienzo de la primera guerra mundial coincide con ese momento. Los mayores parten pronto a los campos de entrenamiento militar y tres de ellos mueren en batalla. Son nuestros congregantes héroes que dieron su vida como piedras vivas en la realización de esta secreta idea predilecta. También nosotros hoy sellamos esa misma alianza, conquistamos nuestro lugarcito en el corazón de la Mater, Ella nos impregna de su modo de ser y nos envía como misioneros de esta alianza que santifica.
 
Familia en alianza
 
Si el Padre Kentenich viviera hoy su corazón saltaría de alegría leyendo el último documento importante de Benedicto XVI, llamado Verbum domini. Lo que él predicó al respecto de la alianza está muy bien expresado por Benedicto en los números 22 al 28. Les transcribo una buena parte de los mismos:
 
“Dios habla y viene al encuentro del hombre de muy diversos modos, dándose a conocer en el diálogo. Se destaca el primado de la Palabra de Dios dirigida al hombre. El misterio de la alianza expresa esta relación entre Dios que llama con su Palabra y el hombre que responde. Mediante este don de amor supera toda distancia y nos convierte en sus “partners”, llevando a cabo así el misterio nupcial de amor entre Cristo y la Iglesia. Dios nos ha hecho a cada uno capaces de escuchar y responder a la Palabra divina. El hombre ha sido creado en la Palabra y vive en ella; no se entiende así mismo si no se abre a este diálogo. La Palabra de Dios revela nuestra naturaleza de hijos. Estamos verdaderamente llamados por gracia a conformarnos con Cristo, el Hijo del Padre, y a ser transformados en él. La Palabra de Dios no se contrapone al hombre, ni acalla sus deseos auténticos sino que más bien los ilumina, purificándolos y perfeccionándolos. Sólo Dios responde a la sed que hay en el corazón de todo ser humano. Dios habla e interviene en la historia a favor del hombre y de su salvación integral. Jesús se presenta como Aquel que ha venido para que tengamos vida en abundancia. Se trata de transformar nuestra vida misma en un movimiento hacia él.
 
Es necesario mirar allí donde la reciprocidad entre Palabra de Dios y fe se ha cumplido plenamente, en María Virgen, que con su sí a la Palabra de la alianza y a su misión cumple perfectamente la vocación divina de la humanidad. No se puede pensar en la encarnación del Verbo sin tener en cuenta la libertad de esta joven mujer, que con su consentimiento coopera de modo decisivo a la entrada del Eterno en el tiempo. Ella es símbolo de la apretura a Dios y a los demás; escucha activa que interioriza, asimila, y en la que la Palabra se convierte en forma de vida. El Magníficat, un retrato de su alma, está completamente tejido por los hilos tomados de la Sagrada Escritura. Así se pone de relieve que la Palabra de Dios es verdaderamente su propia casa, de la cual sale y entra con toda naturalidad. Así se pone de manifiesto que sus pensamientos están en sintonía con el pensamiento de Dios y que su querer es un querer con Dios. Al estar íntimamente penetrada por la Palabra de Dios, puede convertirse en madre de la Palabra encarnada. Ella es modelo y arquetipo de la fe de la Iglesia. Todo cristiano que cree, concibe en cierto sentido y engendra al Verbo de Dios en sí mismo. Cristo es el fruto de todos. Por nuestra alianza con María, todo lo que le sucedió a María puede sucedernos a cualquiera de nosotros en la escucha de la Palabra y en la celebración de los sacramentos.

Tabs

Parece que no hay noticias...

Si ud. es administrador del sitio, puede ingresar haciendo click aquí.