Ha llegado la hora de tu amor
Enviado por efranco el Jue, 06/01/2011 - 16:01.
Dios nos regala milagros a diario, algunos tan cotidianos e imperceptibles que ya los asumimos como normales, como el milagro de la vida, por ejemplo. En esta consecución diaria de milagros, en esas pequeñas cosas que nos susurran el amor de Dios, a veces aparecen cosas más visibles y perceptibles que dejan de ser esa suave brisa de un susurro y se convierten en un huracán que nos grita el amor que Dios nos tiene. Ese milagro, ese grito de Dios para nosotros, familia de Schoenstatt, se vivió el pasado 6 de noviembre al otro lado de la cordillera de los Andes, donde un hijo del Santuario Joven, después de 8 años de formación, fue ordenado diácono: Alfredo Pereira, “Pope” para todo el mundo. Hacían casi 14 años de la última ordenación de un paraguayo de la comunidad de los Padres de Schoenstatt, el P. Francisco Pistilli, actual maestro de novicios, celador de las jóvenes vocaciones.
Autor:
Bruno Vaccotti
Pope es un regalo para toda la familia de Schoenstatt, un milagro para todos nosotros, para la Iglesia, una efusión de gozo que habla de una fidelidad del hombre con Dios y de Dios con el hombre. El Padre Kentenich rezaba: “Mater perfectam habebit curam” La Madre cuidará perfectamente. Sin lugar a dudas fue María la que acompañó a Pope en estos años de formación, desde ese primer salto mortal que lo hizo dejar atrás carrera, casa, familia y amigos para internarse dos años en la jungla Tupãrendense en el noviciado. Luego en los estudios en el Colegio Mayor en Chile, su paso por Argentina durante su práctica pastoral, durante todo su camino, con todas las alegrías, desavenencias, conquistas y batallas que tuvo que librar durante estos años para acrisolar a fuego en su corazón la vocación del seguir magnánimamente a Cristo.
Pope se caracteriza por esa sonrisa pícara de niño alegre, por facilidad de hacer vínculos y por su capacidad de cobijar en su corazón a todas las personas que Dios le ha confiado, fiel reflejo de esa fidelidad de Pope para con los suyos se vio plasmada el día de su ordenación, donde había cientos de personas de distintas partes de la familia de Chile, donde Pope estrechó vínculos y entregó su trabajo y corazón durante estos años en Chile, también gente de Argentina y de Paraguay que viajaron hasta Chile para poder compartir con él este regalo de la ordenación diaconal, entre ellos, sus papás Alfredo y Pilar y sus hermanos. Con Pope se ordenó de diácono también Pablo Pérez, que tuvo su práctica pastoral en el Santuario Joven durante el año 2007, trabajando con la juventud masculina, así que la fiesta fue doble. La jornada se vio adornada por el excelso jardín florecido del Colegio Mayor, por el clima de familia y nos acompañaba desde el Santuario la risa cómplice de María, la Madre y Educadora de estos dos jóvenes, que dijeron sí al seguimiento radical de Cristo. Al día siguiente, llovió desde el amanecer hasta el ocaso, algo poco frecuente en esta época en Chile, ahora sí, con un poco más de fe, exclamamos: “Mater perfectam habebit curam”
La parte del Evangelio que eligieron los nuevos diáconos para la preparación de su ordenación fue la de los discípulos de Emaús, “Entonces abrieron los ojos y lo reconocieron” (Lc 24,31). Este abrir los ojos habla de un deseo de conquista, de animarse a ver una verdad de la cual muchos escapan, vacilan, dudan. A veces el terror nos congela y esperamos que las cosas pasen para abrir los ojos. Muchas veces nos es más fácil permanecer con los ojos cerrados, mantenernos ciegos ante la realidad, ante las necesidades del hermano, ante el llamado de Dios, ante la vocación. Pope y Pablo se atrevieron a abrir los ojos, abrir los ojos para ver a Cristo que los recibía en un abrazo y les confiaba a ambos la misión de los primeros apóstoles, les regalaba su ministerio, gracias a que se animaron a abrir los ojos.
Pope ahora parte para hacer su práctica diaconal en Roma, Italia, donde hará también su práctica de neosacerdote. Su ordenación sacerdotal será el 18 de junio de nuestro Bicentenario en Tupãrenda. Es la primera vocación del santuario joven.
Es esta una historia de amor, una historia de fidelidad, no solamente de Pope sino de toda la familia. Pope es un hijo de toda la familia de Schoenstatt Paraguay, por ende es un regalo, un milagro de Dios para todos nosotros. Hoy María nos invita a rezar con más fervor por las vocaciones, femeninas y masculinas; como buena Madre, María no se deja ganar en generosidad. Si pedimos, Ella nos dará. Si seguimos creciendo como familia, coronándola como Reina de nuestras vidas, Ella hará valer su realeza y seguirá tomando corazones jóvenes para moldearlos a semejanza del corazón de su hijo Jesús. Es esta una historia de amor y una historia de fidelidad, corona por corona, fidelidad por fidelidad.