La Juventud del Bicentenario
Enviado por efranco el Jue, 16/09/2010 - 18:27.
Autor:
Padre Tommy Nin Mitchell Editorial Revista Tupãrenda de septiembre
Muchas veces escucho personas quejándose de la juventud de hoy en día: desde “Padre, mi hijo es muy cabezudo” hasta “Padre, lamentablemente yo ya tiré la toalla con mi hijo”. Sin embargo, a poco de cumplir cinco años como asesor de juventud en Paraguay, mi vivencia es completamente distinta. Me siento privilegiado al poder compartir los sueños, proyectos y actividades de muchos jóvenes; ser partícipe de sus sinceros esfuerzos por mejorar y por construir una patria mejor. Los schoenstattianos tenemos que sentirnos orgullosos de nuestras ramas juveniles.
Pero el orgullo solo no alcanza si no va acompañado de un apoyo concreto de parte nuestra. Los jóvenes necesitan de nuestro cariño pero también necesitan de nuestra guía, y de que sepamos ponerles límites. Algunos padres no se dan cuenta que las cosas que reprochamos de nuestros hijos son, a menudo, consecuencia de nuestra propia falta de coherencia, firmeza y valentía.
Un caso preclaro, del cual últimamente se ha hablado mucho, es el descontrolado consumo de alcohol en las fiestas de adolescentes. El argumento “yo confío que mi hijo va a ir a la fiesta y no va a beber” muestra, o una excesiva despreocupación o una gran ingenuidad. No hay solución a este problema que no pase por un compromiso firme de los padres de evitar que este tipo de fiestas alcoholizantes se lleven a cabo, entre otras medidas, evidenciando a aquellas personas irresponsables (muchas veces los mismos padres) que las posibilitan.
Tal vez detrás de esta excesiva “confianza” se oculta una gran desconfianza o inseguridad. Nos cuesta creer que los jóvenes al final agradecerán los límites que les hayamos puesto y que son suficientemente maduros para hacerse cargo de las consecuencias de sus actos (incluyendo sus errores), suficientemente inteligentes para entender nuestros argumentos (aunque no necesariamente los acepten). Por último, muchas veces nos cuesta creer que el vínculo que nos une a nuestros hijos tiene la fuerza necesaria para superar dificultades, discusiones, malos entendidos o decisiones dolorosas.
El Padre Kentenich decía “A la sombra de nuestros santuarios se codecidirán los destinos de la Iglesia y el mundo”. Nuestra juventud tiene la fuerza suficiente para ser protagonistas del Bicentenario, mujeres y hombres nuevos que forjen la Nación de Dios. Pero no lo pueden hacer solos, tenemos que trabajar aliados, a la Mater y como familia. Mucho depende de nuestra coherencia, firmeza y valentía.
¡Felices 13 años de gracias en el Santuario Joven!
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