La Pastoral de la Esperanza y la Alianza

Autor: 
Sonia y Eduardo Morales

 ¿Podrán parejas de separados en nueva unión sellar la alianza de amor con la Mater? El 14 de noviembre de 2008 en Tupãrenda sellaron su Alianza de Amor 4 matrimonios de la Pastoral de la Esperanza

 ¿Podrán parejas de separados en nueva unión sellar la alianza de amor con la Mater? Bueno, quizás calladamente en la intimidad del santuario. Reflexiones van y vienen. Nos alienta siempre el número 84 de la familiaris consortio de Juan Pablo II que nos pide tan vehementemente mantener abiertas las muchas puertas que estos hijos de Dios tienen para llegar a ser más y mejores hijos. En virtud del bautismo y de las palabras cada día renovadas: “Mujer, ahí tienes a tu hijo; discípulo, ahí tienes a tu madre”, ellos quisieron dar un sí a este ofrecimiento de Jesús y como el evangelista Juan: “ellos la hicieron suya”.

¡Y el día tan anhelado por ellos llegó! Cuatro parejas, pioneros de la Pastoral de la Esperanza, que por propia iniciativa forman un grupo denominado Tembiaporá, misión por realizar, estaban frente al santuario anhelantes. Se habían preparado desde meses atrás de la mano de un equipo de la rama familiar. Los nervios y las emociones desbordaban en cada uno de ellos. “No sé si espiritualmente estaré lo suficientemente preparada para este gran paso”, me decía días atrás una de ellas. Recordé entonces unas palabras que nos había dicho la Hna. Edna Phiede, cuando nos preparábamos para nuestra Alianza, “ si van a esperar que su corazón esté completamente puro para dar este paso, nunca lo harán”, fue lo mismo que decidí transmitirle a esta persona. Sellar la alianza de amor con la Mater es entregarnos a ella tal cual somos, con nuestros límites, errores e imperfecciones, para que ella nos utilice como instrumentos.
         El sábado 14 de noviembre, fue el día fijado por el equipo alianza, ese día el pronóstico presagiaba buen clima. Sin embargo al iniciarse la tarde cayó una fuerte lluvia, evidentemente era el inicio de la “lluvia de bendiciones” que se vendría más tarde.
         La ceremonia se inició a las 17:00 como estaba previsto. El quincho de Tupãrenda, se había vestido de gala. El equipo Alianza trabajó en todo y cada uno de los detalles con gran amor y acogida personal: los corazones, las flores, los capitalarios conquistados por las parejas que iban a sellar su alianza, las ofrendas, etc. Ningún detalle quedó olvidado.
El P. Antonio Cosp dio inicio a la celebración Eucarística, donde estas parejas primero renovaron sus promesas bautismales, comprometiéndose a seguir siendo discípulos de Cristo. Luego el rito de la alianza de amor: encendieron sus velas y cada pareja rezo su oración. Antes de la comunión el padre Antonio Cosp pidió que se acerquen también todos los que, por algún motivo consideran no poder recibir el sacramento con las manos cruzadas sobre el pecho, para recibir la bendición del sacerdote.
         Los primeros en formar la fila, fueron las cuatro parejas que ese día sellaban su Alianza, y muchas otras personas, niños antes de su primera comunión, jóvenes que se acercaban al sacerdote y con una sonrisa le decían: no me he confesado. Fue un momento de inmensas emociones, y más de una lágrima se deslizó. Más tarde me comentaba Rolf “fue uno de los momentos más fuertes, sentí que se me doblaban las piernas, no sé como me sostuve; sólo pudo ser cosa de la Mater, volver a formar en la misma fila de la comunión después de tantos años; fue algo que me superó”.
         Al finalizar la celebración fuimos hasta el Santuario, donde cada uno puso su mano en la mano de nuestro P. José, diciéndole: “Padre aquí estoy, tu misión, mi misión”, para posteriormente firmar el libro de Alianza. Luego al bosquecito del Padre, ubicado al lado izquierdo del Santuario, donde quemaron sus capitalarios. Nadie quería abandonar este ámbito de gracias y de alegría. Luego un brindis ofrecido por la rama y el equipo conductivo de la  Pastoral de la Esperanza. Todos los del equipo nos sentimos en ese atardecer un poco más como Jesús, que recorre los caminos y se apiada de todo aquel que esté herido y le regala el ungüento de su amor.
         ¡Que ella, nuestra querida Madre y Reina siga atrayendo a todos los corazones! Para que muchos hermanos puedan experimentar el amor de Jesús, el verdadero Buen Samaritano, que se ha hecho nuestro prójimo, que vierte el bálsamo y el vino en nuestras heridas y que nos lleva a la posada, la Iglesia, en donde nos hace curar, confiándonos a sus ministros y pagando en persona anticipadamente por nuestra sanación.
 
Sonia y Eduardo Morales Oviedo
15 de noviembre 2008
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