Formar el hombre nuevo en la nueva comunidad, con carácter apostólico universal.

"Familia del Padre, comprometida, forjadora de la Nación de Dios"

 Asunción, 26 de Marzo de 2021lema_2021_2022.jpg

 MTA

 Fortalecer la familia, comprometidos en el servicio, para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”.

 “Familia del Padre, comprometida, forjadora de la Nacion de Dios”

 

 Queridos hermanos en la Alianza:

             Los pasados días 6 y 7 de Marzo tuvimos nuestra Jornada nacional de Planeamiento. Fue todo un verdadero desafío llevarla a cabo pues se trató de la primera jornada de planeamiento en forma virtual que realizamos. Ninguno de nosotros se hubiese podido imaginar hace dos años atrás, cuando hicimos la jornada anterior a fines del 2018, que ésta última la realizaríamos de esta manera y menos aún por el motivo de una pandemia a nivel mundial. Quiero nuevamente agradecer por todos los que conformaron el equipo organizador, por toda la entrega que ofrecieron. Y también deseo agradecer a todos los participantes, por su compromiso, su participación y el anhelo por compartir y reflexionar juntos. Creo que fue una jornada muy fructífera y haciendo uso de los medios tecnológicos que disponemos, pudimos tener un encuentro realmente muy bendecido y guiado por el Espíritu Santo.objetivo_2021_2022.jpg

             Como ya todos saben, en esta jornada formulamos el Objetivo que nos acompañará durante este tiempo por dos años: “fortalecer la familia, comprometidos en el servicio, para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”. Partiendo desde este objetivo se formuló el lema: “Familia del Padre, comprometida, forjadora de la Nación de Dios”. Este objetivo y este lema nos unen como familia de Schoenstatt del Paraguay. Obviamente, cada comunidad, rama, estamento, etc., irá viendo como lo lleva a la vida en actitudes concretas, de acuerdo a sus propias corrientes de vida y anhelos. Pero de todos modos, este objetivo para el bienio nos traza una línea y un camino a recorrer como Familia nacional. Si bien, al término de la jornada, en la homilía de la Eucaristía de cierre de la jornada, me referí al nuevo objetivo y al nuevo lema, quisiera a continuación destacar los elementos de la formulación del objetivo y compartir con ustedes los siguientes pensamientos:

  1) “Fortalecer la Familia”. Queremos fortalecer la familia, entendida en primer lugar como la familia natural, pilar y base de toda sociedad y de la cultura. La familia es un regalo y es un don de Dios que debemos cuidar, sostener y valorar. Queremos de modo especial agradecer por nuestras familias y por cada uno de los integrantes que la componen. En estos tiempos de pandemia en que la familia está amenazada y combatida, de múltiples maneras, con más razón queremos poner el mayor esfuerzo en amar y fortalecer nuestras familias. Lo queremos hacer poniendo a Cristo, la “Piedra angular” (Cfr 1Pe 2,6-8), como base sólida y cimiento firme de nuestros hogares. La fe en Jesucristo debe ser siempre la roca firme sobre la que se asienta la familia (Cfr Mt 7,24). Lo queremos hacer consagrando a la Mater nuestras familias, viviendo en Alianza de amor con ella y centrados en el tesoro de nuestros santuarios del Hogar, para que María sea verdaderamente la Reina de nuestra “Iglesia doméstica”.

 * El pasado 19 de Marzo, día de san José, como Iglesia a nivel mundial iniciamos el “Año de la Familia”, que culminará en Junio 2022 con el encuentro mundial de las familias en Roma. Junto con el Año de San José que estamos recorriendo, creo que ambas cosas son una excelente oportunidad para que contemplemos a la Sagrada Familia de Nazareth y nos dejemos inspirar por ella día a día. Recordemos lo que decía nuestro Padre Fundador: “una familia de Schoenstatt es una familia que, en virtud de la Alianza de Amor con la Madre Tres veces admirable de Schoenstatt, se esfuerza en vivir según el modelo de la Sagrada Familia aplicado a nuestro tiempo y en ser un ejemplo de esa misma vida para los demás”

 * Cada uno de nosotros, como también en comunidad, podemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo día a día para hacer crecer mi familia? ¿Qué puedo aportar para que mi familia sea un poco más semejante a la sagrada Familia? ¿Qué podemos hacer para fortalecer la familia? Creo que podemos hacerlo de muchas maneras: por medio de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía, en este año en que nuestra Iglesia en Paraguay nos invita especialmente a centrarnos en el misterio eucarístico. De la Eucaristía, del Cuerpo y la Sangre del Señor, recibimos la fuerza de la caridad de Jesús para poder vivir en familia y santificarnos mutuamente. Queremos fortalecer la familia por medio de la oración constante y cotidiana, en especial con el santo rosario. Queremos fortalecer nuestras familias por medio de la lectura frecuente de la Palabra de Dios, ya que allí, encontramos la fuerza necesaria para ser “sal y luz de mundo” (Cfr Mt 5,13-14). Queremos fortalecer la familia viviendo las virtudes tan fundamentales como son el respeto, el perdón, la entrega abnegada de los unos por los otros, la alegría, la paciencia, la fe…Queremos fortalecer nuestras familias viviendo y renovando día a día nuestro amor mutuo y nuestra fidelidad.

* En un sentido más amplio, con la palabra “Familia”, también nos referimos a nuestra Familia de Schoenstatt, la Familia del Padre. Como Familia y movimiento internacional estamos pasando por tiempos de tormentas. Muchos desafíos exigen de nosotros una respuesta generosa y heroica. Queremos fortalecer asimismo nuestra gran familia de Schoenstatt, por medio de nuestro esfuerzo por integrarnos y unirnos, por ser verdaderos hermanos, dejando de lado comportamientos malsanos de competencia y sectarismo y tratando de poner en práctica el espíritu de la Encíciclia Fratelli tutti del Papa Francisco. Queremos fortalecer nuestra Familia buscando el diálogo, la reconciliación, el apoyo y fomentando la ayuda recíproca, trabajando mancomunadamente, rezando los unos por los otros. Queremos fortalecer nuestra familia viviendo con heroísmo nuestra alianza de amor; viviendo con intensidad nuestro carisma para regalarlo a los demás. Asimismo, queremos vivir e irradiar un estilo familiar en todos los ámbitos, también a nivel parroquial, eclesial, social.

 2) “Comprometidos en el servicio”: esta parte de la frase del objetivo nos habla de la modalidad, del cómo queremos hacerlo: “comprometidos en el servicio”. Queremos comprometernos. El amor, cuando es real y no de palabra (Cfr. 1Jn 3,18), nos mueve a comprometernos, a poner nuestros corazones y manos a la obra. Cuando uno ama y se juega en serio, se compromete con todo el corazón. Nos comprometemos para servir. Servir es salir de uno mismo para atender al otro, para hacerse cargo, para ayudar, para amar. El servicio solo es posible cuando vivimos la humildad de corazón. Creo que la imagen que mejor puede ilustrar lo que es el servicio es la actitud de Jesús en la Última Cena: el Maestro se abaja, se inclina para servir y lavar los pies a sus discípulos (Cfr Jn 13,1-17). La frase del Señor debe ser un programa de vida para cada uno de nosotros: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida…” (Mc 10,45). El servicio humilde es la gran actitud de María, la servidora del Señor (Cfr Lc 1,38), nuestra aliada y modelo de vida. Es bueno que en la formulación del objetivo se haya remarcado el compromiso y el servicio. Es algo bien concreto que nos mueve a actuar, a no quedarnos en actitudes de indiferencia o pasividad, esperando siempre ver qué hacen los demás. Al contrario, queremos pedir al Espíritu Santo, que nos mueva continuamente a servir y dar la vida por los demás, en todos los ámbitos: en la familia, en el trabajo, en nuestros compromisos apostólicos, en la sociedad.

 * Hoy vivimos en una sociedad y en un tiempo en que de muchas maneras se nos tienta a “servirnos” de los demás: del prójimo, de los enfermos, de los pobres, de los que están desesperados, del que puedo aprovecharme para algo. Y los motivos pueden ser muy variados: para tener votos, más dinero, poder, likes, éxito o fama. La vida y el ejemplo de nuestro Padre Fundador nos enseña todo lo contrario: su testimonio de vida fue un “servir desinteresadamente a la vida ajena”. Así fue nuestro Padre, un hombre que se destacó por ese servicio abnegado y fiel a la Familia y a cada persona que le fue confiada hasta el final de su vida.

  

3) “Para forjar con audacia, honestidad y solidaridad la Nación de Dios”. Con estos valores, con estas virtudes, queremos forjar y construir el Paraguay, la Nación de Dios:

 * “Con audacia”: con la audacia de la caridad, del amor. Es la audacia que impulsó siempre a Jesús para hacer la voluntad de su Padre y llevar a cabo su obra (Cfr. Jn 6,38; Jn 17,4). Es la audacia de su amor incondicional que lo llevó a dar hasta la última gota de sangre para redimirnos. Es la audacia de María, quien se compromete  de corazón y arriesga hasta darlo todo (Cfr. Christus Vivit nº44). Se trata de esa “valentía creativa” de San José de la cuál nos

habla el Papa en su Carta Patris Corde. Es la audacia del Padre Kentenich en el salto del 18 de Octubre, en el 20 de enero, el 31 de Mayo…Es la audacia de nuestros santos paraguayos San Roque González y la Beata Chiquitunga.

  * Nos podemos preguntar: ¿Cómo podemos ser más audaces? En nuestra vida de alianza de amor con María: ¿Qué arriesgamos? ¿Qué pasos me (y nos) pide dar el Espíritu Santo para entregarme/nos más, para salir de la mediocridad, para aspirar y crecer en la entrega y santidad? Queremos ser audaces para vivir con coherencia y dar testimonio en nuestra vida cotidiana sin temor a las críticas o al rechazo. Queremos ser audaces para emprender nuevos caminos, nuevos apostolados, para ser creativos en el servicio a los demás, en modo especial a los que más sufren. Queremos ser audaces en estos momentos críticos en que vivimos como país a causa de la pandemia. Queremos ser audaces para romper los muros y crecer como Familia nacional, para ser más hermanos entre nosotros. Queremos ser más audaces y creativos, en nuestro servicio a la Iglesia, en nuestros modos de evangelizar y de entregar nuestro carisma para enriquecer a los demás.

 * “Con honestidad”: De modo particular queremos luchar por vivir la honestidad en este tiempo en que vivimos asediados por la corrupción y la hipocresía. En este año de San José, podemos esforzarnos especialmente en imitar a este gran hombre que en el Evangelio según san Mateo se lo define como “varón justo” (Mt 1,19), es decir, hombre recto, íntegro, honesto, honrado. Para San José lo primero y más importante era cumplir la voluntad del Padre Dios y de ahí se desprende esa actitud de honestidad e integridad que plasmaba toda su conducta, que la vivía hasta en las cosas más pequeñas.

 * En este último tiempo vemos y sufrimos con dolor e indignación cómo la corrupción se ha transformado en una verdadera y dolorosa pandemia que nos amenaza y aniquila. Estamos hartos. La corrupción genera muerte, porque por culpa del egoísmo de algunos, quedan muchos sin insumos médicos, sin comida, sin agua, sin tierra, sin electricidad, sin trabajo, sin justicia…sin los elementos básicos que necesitamos para vivir una vida justa y digna. Como schoenstattianos queremos ser honestos, hasta en los detalles más pequeños. Recordemos la frase de Jesús: “El que es fiel (honesto) en lo poco, es también fiel en lo mucho” (Cfr Lc 16,10). Queremos forjar la Nación de Dios con decisiones honestas cada día, empezando en nuestras casas, en el trabajo, entre nosotros mismos. Nuestra honestidad ha de ser una verdadera luz que irradie esperanza en el contexto en el que estamos.

 * “Con solidaridad”: La solidaridad es expresión del amor, de la caridad de Cristo. La solidaridad nos lleva a mirar a los que sufren, a los necesitados, a los que menos tienen, a lo que lo están pasando mal. Pero también nos lleva a mirar a cada prójimo, al que tenemos a nuestro lado, y ver en cada ser humano un hermano, ver a Cristo en el otro (Cfr Mt 25,31- 46). Ser solidario es algo bien concreto. Cada noche me puedo evaluar si durante el día transcurrido fui solidario o no con los demás. Este tiempo de pandemia nos llama a ser solidarios, a pensar y hacer algo bien concreto por los que sufren. El Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti nos presenta en el capítulo II la Parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) y nos llama a que sigamos el ejemplo de ese hombre solidario, que amemos con obras concretas y salgamos al encuentro de cada prójimo siendo instrumentos del amor y la misericordia de Dios.

 * Nuestro lema “Familia del Padre, comprometida, forjadora de la nación de Dios”, nos  debe recordar permanentemente a todos este gran objetivo. Somos la familia del Padre Fundador, nos queremos comprometer a llevar a la vida el objetivo que hemos formulado. Tenemos un gran sueño y un gran horizonte por delante, hacer que nuestro Paraguay sea esa Nación de Dios que tanto anhelamos. Dependerá de cada uno de nosotros, de vos, de mi, de todos. Nuestra respuesta debe ser hoy, no mañana, recordando esa frase de nuestro querido diácono el siervo de Dios Don Joao Pozzobon: “ser héroe hoy, no mañana”.

 Queridos hermanos. Nos encontramos ya a pocos días de comenzar la gran Semana Santa. Es un gran tiempo de gracia y bendición. Queremos acompañar a nuestro Redentor hacia la Cruz, para poder resucitar con Él en la vida nueva de la Pascua. Será una semana santa muy particular. Todos somos conscientes de las horas dramáticas que estamos viviendo en estos momentos en nuestro país a causa de la pandemia. Debemos proseguir con el esfuerzo responsable y serio por cuidarnos los unos a los otros extremando todas las medidas. Vemos con dolor a tantos que sufren la enfermedad, el abandono, la pobreza, la injusticia. Nos duele también la partida de tantos hermanos que mueren y el dolor de sus seres queridos. Vemos también a los profesionales de la salud y al personal de blanco al límite de sus fuerzas y entregándose con abnegación y generosidad. A ellos nuestro reconocimiento y gratitud. No podremos asistir a las celebraciones en forma presencial, como quisiéramos, debido a las nuevas normativas emanadas recientemente por el ministerio de salud. Nuevamente, desde nuestros santuarios del Hogar, como iglesia doméstica, viviremos estos días santos y nos uniremos como Iglesia que somos a todos nuestros hermanos en el mundo entero, formando una red solidaria por medio de la comunión de los santos. Les pido a todos que en este tiempo intensifiquemos de modo especial nuestras oraciones. En estos momentos tan dificíles, nos queremos poner nuevamente en las manos maternales de nuestra Reina de la salud, renovar nuestra alianza de amor con Ella y volverla a coronar con confianza. Ella es la Madre y Reina de la Esperanza.

 A todos les deseo una muy bendecia Semana Santa y una muy feliz Pascua de Resurrección 2021. Desde el santuario imploro para todos mi bendición:

 P. Martín Gómez Asensio
 Director Nacional del Movimiento en Paraguay
                                                                                                   

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